Uno de los sustos más comunes al empezar como autónomo no es pagar impuestos, es no tener el dinero apartado cuando toca pagarlos. El problema casi nunca es fiscal, es de caja.

Por qué hace falta una reserva

Cuando cobras una factura, parte de ese dinero nunca ha sido tuyo: el IVA que repercutes no es ingreso, es dinero que gestionas para Hacienda hasta que lo liquidas en el modelo 303. Si lo mezclas con el dinero del día a día, en la fecha del trimestre puede faltar caja aunque el negocio vaya bien.

Una referencia orientativa

Como norma general, es razonable apartar entre un 15% y un 30% de tu facturación bruta, dependiendo de cuántos gastos deducibles tengas y de tu situación concreta. Es más útil tratarlo en dos partidas separadas:

  • El IVA: apártalo en cuanto lo cobras. No es una estimación, es una cifra exacta que ya conoces en el momento de facturar.
  • El IRPF: un porcentaje sobre tu beneficio neto (ver cómo se calcula el IRPF trimestral), que sí es una estimación hasta que cerramos el trimestre.

Cómo hacerlo sin complicarte

Una cuenta separada donde transfieres automáticamente un porcentaje cada vez que facturas es la forma más simple de que la reserva no dependa de tu disciplina. Revisar la cifra real con nosotros cada trimestre, en vez de calcular a ojo, evita tanto quedarte corto como apartar de más y tener el dinero parado sin necesidad.

Reservar no es lo mismo que planificar

Apartar un porcentaje te protege del pago trimestral, pero no resuelve la irregularidad de ingresos a lo largo del año. Si facturas de forma muy desigual entre meses, conviene mirar también cómo repartir esos ingresos para no llegar a fin de año con sorpresas. Además, de eso depende cuánta reserva necesitas realmente en los meses flojos.

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